érase un hombre pegado a una hoja de cálculo.
érase un hombre que odiaba los números, porque los números no comprendían de metáforas y las metáforas no comprendían de números.
érase un hombre que no quería ser productor, porque no le gustaba producir y calcular costos y costes.
érase un hombre que a pesar de todo lo anterior, tiraba hacia delante, con una "sonrisita" en la cara, y el corazón en puño por miedo, por el miedo al rechazo de tanto número que sube y de tanto número que baja.
y las horas después: el silencio, la ausencia, la espera que desespera... y luego un ring (cómo añoro que los teléfonos suenen como teléfonos) y un sí, o un no, u otro que quiere que dances con sus números.
érase la historia de uno que era hombre que se convirtió en número primo de tanto cálculo y calcular como levantar un castillo de naipes contra el viento.