nuestros hijos, bueno, el que llegue a tener hijos, nos preguntarán como fue el mundo antes de todo esto... y nosotros, la generación absurda, la generación perdida, tendremos que echar la vista atrás y recordar aquellas épocas en que las redes sociales se vinculaban entorno a una mesa, frente a una cerveza, unas bravas y un deseo de conquista sexual o de cualquier tipo de conquista, noche tras noche...
también nos preguntarán, por aquel mundo en el que no existían iphones y smartphones y tablets, y gilipolleces varias del mismo tipo y calibre. y nos veremos obligados a recordar todavía más... a aquellos extraños objetos rectangulares y tridimensionales que existían por la calles, en las que insertabas unas pesetas, y podías hablar por teléfono...
puestos a recordar, nos pondremos chochos, y les hablaremos de aquella época en que los cines estaban en el centro de la ciudad, a pie de calle, y que la tele, en nuestra tele, sólo existían dos canales, VHF y UHF... les hablaremos de cuando éramos capaces de jugar en plena calle, casi sin coches, de jugar a la pelota, cuando esa pelota era una amasijo de papel de plata, y las porterías dos piedras grandes... me imagino sus caras, las caras de nuestros hijos: estupefactos, atónitos, incrédulos... y después de nuestras rememoraciones, cada uno de ellos colgando twits y posts y mierdas en vinagre... explicando cada uno, que una vez existió una generación de absurdos, que pudo moverse y cambiar el mundo y sin embargo, se quedaron en la comodidad cómoda de un bienestar de apariencias digitales...