escribir un encargo, a las 6 de la mañana,
con el rugir del viento fuera, sobre los árboles.
amanecer antes que el amanecer,
para encender el interruptor a veces desgastado
de la habitación de las extrañas ideas.
antes, hace una década, era al revés,
entonces escribía hasta el amanecer,
y caía en el sueño, con sus rayos primeros...
y ahora me despierto para despertar
a esa bola de fuego gorda e imperial.
prefiero este tiempo, esta limpieza,
este presente... sin lugar a dudas...