la esperanza,
a veces se pierde y una quietud abismal inunda cada pensamiento, cada color se tiñe del luto más riguroso y el futuro se desvanece como ese azucarillo que disuelves en tu café matutino.
pero a veces, en los buenos días, en los segundos buenos de los buenos días, la esperanza vuelve como esas aves que regresan de su migración invernal, y tú estás ahí tirado como una lagartija buscando el añorado sol del verano, mirando ese cielo plomizo de desesperanza, y en tu cabeza y en tu corazón se dibuja una sonrisa sin previo aviso por ciertos bellos estímulos que nunca llegas a comprender.
tan volátil como efímera, tan estimulante como esquiva.
si eres cazador, cázala, yo entreno todos los días para ser cazador de estímulos.
¿y tú, eres cazador o recolector?
mil millones de años después la vida sigue siendo igual.