el otro día una buena amiga me preguntó mientras escribía un whastapp entre risas:
_¿te diviertes mucho o poco?
después de mi buenos 5 minutos de reflexión contesté:
_hummm..._ me aclaré la voz como un pequeño tenor y continué_ ¿qué es mucho y qué es poco? ¿en comparación a qué? ¿a otras personas? ¿en relación a la milenaria existencia del ser humano?... ¡podría ser mucho! pero no me gusta la cantidad por la cantidad, o podría ser poco, pero la calidad de un momento tampoco lo es todo. creo que quién se conforma con la calidad de algo exclusivo es aquel o aquella, que quiere ensalzar en el fondo un momento perfecto, pero la perfección no existe. y en todo caso, no me gusta las comparaciones, ¿porqué tendemos a comparar las cosas para analizar si hacemos algo mucho o poco? ¿Por qué no podemos conformarnos con el hecho de divertirnos sin analizar si es mucho o poco? ¿por envidia? la envidia es un cáncer terrible que tiene dentro el ser humano y que nos aniquilará de la faz de la tierra, ¡¡¡quizás merezcamos ser aniquilados!!! ¡¡¡sí!!!
mi amiga se quedó en silencio, sus buenos 5 minutos. bajó la mirada. una pequeña lágrima le salió del ojo derecho, ojo derecho que tiene ligeramente algo más verde que el ojo izquierdo, es absurdo este detalle, pero yo soy mucho de detalles absurdos. se aclaró la voz y dijo:
_hum..._ se aclaró la voz como una soprano preciso matizar_ yo sólo preguntaba por preguntar, por hablar de algo...
_ahhhh_ contesté yo.
nos miramos un par de segundos y los dos volvimos a escribir compulsivamente en nuestros respectivos smartphones de última degenarión. olvidando la comunicación, la verdadera, esa que requiere de palabras habladas y de silencios callados, esa que no tiene nada que ver con un puto ladrillo extrafino con pantalla táctil o retráctil.
y los dos nos pusimos a escribir sobre lo sucedido ante un montón de ojos desconocidos, como los tuyos, sí, te lo digo a ti, a quien lees este punto final.