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ayer tuvimos una de esas cenas de instituto, 8000 años y 500 resacas después, (bueno, quizás alguna resaca más) y brindamos y reímos por todo aquel pasado compartido, en el que forjamos nuestras deformaciones personales en el camino de la vida.

¡qué bellas estaban ellas, y ellos o mejor dicho nosotros, qué viejunos...!