Estaba deseando que llegase el día de hoy, deseándolo con todas mis fuerzas. Habito en un espacio donde la población se multiplica por 2 o 3 durante los días de calor pegajoso y nauseabundo a los que llamamos verano. Y de pronto a mitad de septiembre, los moscardones con forma humana huyen con todas sus voces, con sus coches, con su música, con su mierda de pensamientos y su mala educación, y de pronto, FELIZMENTE, un día como hoy, huyen… HUYENNNNN…. a su origen en la ciudad. A ser engullidos por mi olvido. “Pobre ciudad” pienso…
Y aquí mientras tanto… Los pájaros se animan a cantar, los conejos corretean, la águilas bailan, las golondrinas se paran junto a mi ventana y cuentan chistes, buenos chistes, los mejores que he escuchado en estos 3 últimos meses… la vida cobra color, los sueños cuerpos, la existencia sentido, las palabras significado y mis oídos paz.
Es curioso porque mataría por tener siempre esta paz, curioso y contradictorio, matar para que exista la paz.
El calor no se ha ido del todo, aún quedan días de lustre y champán, días de asueto y esperanza. Días de vida, días de amor. Mientras recuerdo el momento exacto en el que ha empezado mi nueva felicidad absoluta:
“Esta mañana sacando al pequeño caminante de 4 patas a su paseo en los albores de un día de armisticio mundial, observé que sus coches no ya estaban, que las luces de sus casas ya no alumbraban, que su olor a rancio no apestaba, y que sus miradas turbias se esfumaron. Sonrío, hoy va a ser un gran día”.
Podría hacer cientos de cosas, me paseo por casa, miles de millones de cosas… pero decido no hacer nada y gozar de no hacer nada, disfrutando de ese maravilloso sonido al que llamamos silencio.
Pasa un segundo, dos, tres…. BRUUUUUUUU…. ZASSSS… BRUUUU… BROOOOOOOUUUUUUMMMM CRASSSSSTRASSSSSSS PLASSSS…
Salgo de mi nuevo estado de nirvana, acelero hasta la ventana, el vecino de abajo ha empezado a reformar su casa….
Mi reino, mi reinado ha durado lo mismo que un aleteo de un colibrí.
Y ahora mientras escupo estos pensamientos, pienso en la frase: “mataría por tener esta paz” y cobra sentido, y pierde curiosidad y no tiene nada de contradicción…
Pensamiento postcréditos: por suerte, esta semana me fugo a las montañas del norte, a hacer alpinismo con una bici… y vuelvo a sonreír.