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Uno no es consciente, nunca sé es, de los cambios sobre uno mismo y sobre los demás y sobre los diferentes ámbitos por los que me muevo o me moví alguna vez.

Además, no sé si uno se da cuenta de sus propios cambios, porque la voz en off de uno siempre está, y no sé si esa voz es capaz de auto-diagnosticarse e identificar las modificaciones… pero los cambios de fuera, esos son muy palpables.
 
De pronto paseas por tus antiguas calles, y observas que aquellos bares que luego fueron bancos, y que en ambos o de ambos retienes pequeños destellos en forma de recuerdos malos y buenos, ya no están. 
O aquellos comercios donde comprabas el pan o un neumático para la bici ahora son polvo en el viento. Sigues dando pasos por tu viejas calles, doblas una esquina y allí está, aquella cafetería donde te servían el mismo café todos los días, sin pedirlo, porque ya te conocían y simplemente te sentabas a la mesa junto a la ventana a observar como un ojo que ve y al mismo tiempo es invisible, mientras bebías el néctar negro de la vida.
 
Sin pensar, aunque eso sea difícil, sin pensar mis pies me llevan a la misma mesa de antaño, junto a la ventana donde mi alma en forma de ojo disfrutaba del silencio mientras observaba la vida, y el camarero que me ve, sonríe, “¡cuánto tiempo! ¿lo de siempre?, hacía años…” “sí, 6 años”, ¡joder, 6 años! contesto para mis adentros, 2190 días que parecen un aleteo de colibrí. Mi voz en off me pregunta “¿qué he-has cambiado? porque eres-soy el mismo…”
 
No, no lo soy querida voz en off. Puedo parecerlo, pero no lo soy, la tienda de bicis ya no existe, ni la panadería, ni el viejito que siempre estaba aquí junto a mi mesa preferida, sé que murió. Ni Epi, ni Lila, tampoco están, y su pérdida me transformaron, ¿cómo lo sé? porque ahora no me detengo a observar como antes, el ojo se convirtió en rueda, y los segundos en sensaciones y emociones… y eso es un gran cambio... la voz en off frunce el ceño y se queda meditabunda, en silencio.
 
Llega el café, el camarero pregunta, yo le argumento, y entre frases vacías comprendes que te haces viejo en intervalos de aleteos de un colibrí.
 
Bendita vejez.