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ayer presentí al maligno, en pleno mediodía, en mitad de un bosque, bajo el mandato de la luz pura.

vi el cuenta kilómetros, altitud acumulada 666, pensé: "el diablo". y 10 segundos después, en la rampa más dura del 17 por cien, un radio de la rueda trasera se pulverizó sin dejar ni rastro, no noté ni el chasquido de metal crujiendo, simplemente que la rueda se frenaba con el cuadro, al perder su equilibrio.

volver fue un infierno, nunca mejor dicho.

¿siempre está ahí?

¿o siempre está ahí cuándo pienso en él?

¿o simplemente estoy de vacaciones y los pensamientos se me espachurran contra el asfalto?