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Yo fui un gordo de mierda. La gente me saltaba con pértiga, era más fácil que bordearme, requería menos esfuerzo.

Fui a una tienda de deportes y compré mi propia pértiga, para cederla a todas aquellas personas que se me acercasen.

Ahora ya no soy un gordo de mierda, pero la cosa sigue igual. Es fácil saltarme. O al menos me gusta pensar eso