segundas partes nunca fueron buenas, esa es una gran verdad con alguna excepción admirable, véase el padrino II.
pero en algunos casos ni siquiera la primera parte de la segunda parte ni la octava parte ni la vigésima parte, lo fue, lo fueron.
en otros casos, sólo una parte, contratante o no, lo fue, buena como esa estrella fugaz que surca tu mente cuando tienes una brillante (nunca mejor dicho) idea.
el problema es saber discernir, uno mismo, sobre una cagada o sobre un hito.
problema filosófico matutino número 3 millones: obrar (la manera más fina de decir que tu culito se sienta en el wáter) o brillar, he ahí el dilema.